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BOLETIN IPM

Vol. 23 N0. 1
Perdónanos... como también nosotros perdonamos
Relato a Carol Martínez


¿Quién no conoce el Padrenuestro? ¡Ha sido una guía de oración para los cristianos a través de los siglos! Sin embargo, aunque lo repetimos, muchas veces no le damos la debida importancia a claves importantes que nos enseña... ¡y sin duda que una de esas claves es lo que Jesús enseña acerca del perdón!

“…perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores…. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. (Mateo 6:12, 14, 15)
Perdonar fue una decisión que tuvo que tomar la doctora Arcenia Campos de Nassar, de Monterrey, Nuevo León, cuando ella experimentó la peor pesadilla de toda mamá. Ella relata:
“Mi hija menor, Anita, de 13 años de edad, salió de mi casa una tarde, para ir a ver unas amigas, el 29 de enero del 2002. Ella dijo que allá iba a cenar, pero cuando ya eran más de las 10 de la noche y no regresaba, empezamos a buscarla por teléfono y luego por las casas de sus amigas, y nada. ¡Fueron momentos terribles! No sé si a ustedes se les ha perdido una hija o hijo; a los cinco minutos sientes que la sangre se te va hasta los pies, te paralizas. ¡Imagínense ustedes cuando la búsqueda continuó por más de 30 horas!”
Dios misericordiosamente preparó a Arcenia para la noticia que finalmente llegó: Julio, un vecino de 16 años y metido en el ocultismo, había logrado que Ana fuera a su casa y allí la mató brutalmente, enterrándola en el patio de su propia casa. Porque él era hijo de un funcionario, Arcenia y su familia nunca vieron una justicia total. De hecho, él sólo tuvo que pasar cinco años en el Tutelar para Menores, y luego fue liberado.
Sin duda que Arcenia sufrió terriblemente. Pero ella es una mujer comprometida con Dios. Es una mujer que ha experimentado el perdón divino a través de Jesucristo, y sabía que, en las fuerzas del Señor, ella debía y podía perdonar. Ella relata:
“Yo deseaba acercarme a Julio, el asesino de mi hija, pero antes fueron meses de preparación visitando cárceles y penales para primero enseñarme a amar y perdonar a ese tipo de personas, dejando que el Señor tratara con mi corazón, que limpiara todo odio, venganza, y juicio, y así poderme acercar a Julio con amor, en una actitud de perdón y misericordia.
“Finalmente pude visitarlo y hablar con él. ¡Fue un momento glorioso, y no me afectó su actitud! Porque aunque él no me pidió perdón, mi deseo era bendecirlo, y pude expresarle de todo corazón que yo lo amaba, lo perdonaba y que deseaba lo mejor para él. Fue un momento breve, pero lo disfruté intensamente, porque pude palpar la victoria del Señor en mí y sentí el fluir del gran amor y perdón del Señor hacia él y hacia mí en ese momento. Le dije que ya no pensara en Anita, que ella estaba contenta allá en el cielo, y que pensara y se concentrara en él, en seguir adelante con su rehabilitación. Luego él me regaló una foto de él, de cuando era niño y me agradeció la visita.
“Actualmente sigo visitando la cárcel dónde Julio estuvo internado, ayudando a los jóvenes a encontrarse con el Señor Jesucristo”.
Lejos de ser una mujer amargada, Arcenia es una mujer llena de vida que ahora va y cuenta su testimonio a muchas mujeres.
Hay cantidad de historias de victoria como la de Arcenia: mujeres perdonadas que han perdonado. Y porque han perdonado... su oraciones son mucho más eficaces. ¿Te figuras entre ellas?
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