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BOLETIN IPM

Vol. 23 N0. 1
EL AYUNO: LLAVE PARA MOLDEAR LA HISTORIA
Derek Prince


Para mí el poder de la oración y el ayuno para moldear la historia no es una simple fórmula abstracta teológica. Lo he visto demostrado en mi propia experiencia en muchas ocasiones. Los datos históricos del Antiguo y Nuevo Testamento relatan como Dios intervenía en una manera poderosa a través de la oración y el ayuno colectivo. Algunos ejemplos incluyen: la derrota de los enemigos de Josafat sin una pelea en la carne (2 Crónicas 20: 1-30), el hecho de que Esdras procuró un camino derecho (Esdras 8:21-23), el hecho de que Ester impidió la destrucción del pueblo judío (Ester 4), la salvación de Nínive (Jonás 3:5-9), la edificación inicial de la iglesia en medio de la hostilidad política y religiosa (Hechos 2:40-47), y la libertad de Pedro de la prisión (Hechos 12:5-12).
Siendo que las Escrituras enseñan que el ayuno intensifica la oración, es muy importante que examinemos este tema sistemáticamente. Empezaremos con una definición sencilla. Entendemos que el “ayuno” bíblico es la práctica de abstenerse deliberadamente de comer para el propósito espiritual. Si la abstinencia del agua o cualquier líquido es incluido también, esto es indicado por el contexto espiritual.
El mejor punto de partida para el estudio de la disciplina cristiana para el ayuno es el Sermón del Monte. En Mateo 6:1-18 Cristo da instrucciones a sus discípulos acerca de tres deberes que se relacionan: el dar limosna, la oración y el ayuno.
En cada uno él pone su mayor énfasis en el motivo y nos advierte de no hacer ostentación religiosa con el propósito de impresionar al hombre.
Habiendo establecido esto, Cristo da por hecho que todos sus discípulos practicaban estos tres deberes y obligaciones. Esto es indicado por la manera que habla acerca de cada uno: “Cuando, pues, des limosna… y cuando ores…pero tú cuando ayunes. (Mateo 6:2-17)
En ninguno de los casos dice Cristo, si oras, si ayunáis, siempre dice cuando. La deducción es clara. Cristo espera que todos sus discípulos practiquen regularmente estas tres obligaciones. En particular el paralelo entre la oración y el ayuno es exacto. Si Cristo espera que sus discípulos oren con regularidad entonces de la misma manera Él espera que también ayunen con regularidad.
La disciplina cristiana del ayuno se funda más en Marcos 2:18-20. El ayuno y su importancia vital es apoyado no nada más por la enseñanza de Jesús, sino también por su ejemplo personal. Inmediatamente después de que fue bautizado en el Jordán, Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto por cuarenta días para ayudar. (Lucas 4:1-14).
Hay una diferencia significativa en las expresiones usadas por Lucas al describir a Jesús antes y después de Su ayuno: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán… y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea…” Cuando Jesús empezó a ayunar, ya estaba lleno del Espíritu Santo. Pero cuando volvió de nuevo después del ayuno, volvió en el poder del Espíritu.
Al parecer se puede notar que el potencial del Espíritu Santo, que Jesús recibió cuando fue bautizado, se manifestó después de que Él completó su ayuno. El ayuno fue la fase final antes de que Cristo entrara a Su ministerio.
Las mismas leyes espirituales que se aplicaron en el ministerio de Cristo se aplican también en el ministerio de sus discípulos. Jesús declaró, “El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió”. Si el ayuno fue necesario en la preparación de Cristo, ¡entonces ha de tener su lugar en la preparación y el servicio del discípulo! El ayuno cristiano sigue siendo como una llave perdida. Si es encontrada y utilizada, entonces terrenos inmensos serán abiertos en el área de la oración efectiva, la guerra espiritual y el ministerio.
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