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BOLETIN IPM
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Vol. 23 N0. 1
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PASOS PARA LLEGAR A LA PROMESA
Marcos Richards
En 2 de Reyes 2 encontramos el relato de los momentos justo antes de que el profeta Elías fuera arrebatado al cielo. En ese último tiempo Eliseo, el siervo bajo el entrenamiento de Elías, es probado, como parte de su preparación para tomar su lugar como el profeta principal de Israel. El relato describe cómo Elías viaja a varios sitios y en cada uno le insiste a Eliseo que se quede donde está y deje a Elías avanzar solo. Parece que Elías quiere deshacerse de Eliseo pero él no lo permite. Cada vez insiste que por nada dejará a su mentor. Finalmente, porque rehusó dejarlo solo, Eliseo logra recibir la unción que tanto anhelaba para tomar el lugar de Elías.
No creo que fuera mera coincidencia los lugares a los cuales se dirigió Elías en ese último recorrido. Todo indica que cada uno tenía un significado en la preparación de Eliseo. Era necesario que él pasara por cada uno de ellos. Y si nosotros vamos a lograr todos los planes que Dios tiene para nosotros, también tendremos que pasar por lo que estos lugares representan. Y para salir victoriosos de ellos tendremos en cada uno que depender principalmente de la oración.
El primer lugar donde se encontraron los profetas fue Gilgal. Gilgal es el lugar de la PUREZA. Está relacionado con la pureza porque es el lugar donde Josué hizo que todos los hombres de Israel fueran circuncidados en preparación para entrar a la tierra prometida (vea Josué 5). En el Antiguo Pacto, la circuncisión era la señal de santidad entre el pueblo de Israel. Ahora en el Nuevo Pacto, somos llamados a la circuncisión de corazón. Romanos 2: 29 declara: “la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra.” Así como la circuncisión era un acto de cortar la carne en lo físico, ahora somos llamados a cortar la carnalidad de nuestra vida. Si vamos a entrar en la tierra prometida que Dios tiene para nosotros como individuos y como iglesia, es indispensable remover todo aquello que ofenda a nuestro Dios santo.
No lo podremos lograr simplemente por esfuerzo humano. Tenemos que fomentar nuestra vida de oración, primero para ser sensibles a lo que no agrada al Espíritu Santo, y luego para tener el poder del Espíritu para caminar en santidad. El nos inquietará y luego espera que nosotros respondamos inmediatamente huyendo de toda tentación.
El segundo lugar donde Elías llevó a Eliseo fue Betel. Betel es el lugar de la PRESENCIA. Literalmente Betel significa “casa de Dios” y recibió ese nombre por parte de Jacob la noche que tuvo el sueño de una escalera que conectaba el cielo y la tierra con ángeles que subían y bajaban. Ese sueño representa la puerta abierta que hay para entrar a la presencia de Dios. Es una invitación a subir al “aposento alto” y encontrarnos con Dios cara a cara. Esto también se realiza por medio de la oración y adoración. El Salmo 100: 4 declara, “Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza;” La principal entrada a la presencia de Dios es por medio de expresar gracias y alabanzas tanto habladas como cantadas. Y es en su preciosa presencia donde tenemos el inigualable gozo de conocerle más y donde recibimos fortaleza, ánimo, paz y dirección para vivir todo lo que Dios tiene para nosotros. David proclamó en el Salmo 27: 4: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Queesté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”. Esto no es solo para cuando nos congregamos sino que vemos que David insistió en estar con Dios diariamente. Primeramente es para “contemplar la hermosura de Jehová” y después “inquirir” recibiendo dirección de Dios. Si queremos entrar a todo lo que Dios tiene para nosotros es necesario aprender a entrar en su presencia.
El tercer sitio donde llegaron Elías y Eliseo fue Jericó. Jericó es el lugar de la PELEA. Jericó fue el sitio de la primera pelea que dirigió Josué para tomar la tierra prometida (Josué 6). Jericó era una verdadera fortaleza. Era un lugar de muros grandes e imponentes que representaba la primera resistencia de los enemigos que Israel enfrentarían en la tierra de promesa. Es inevitable que nosotros también enfrentemos la resistencia del enemigo al ir avanzando hacia las promesas y propósitos de Dios. Es necesario enfrentar al enemigo y vencerlo. Lo maravilloso es que nosotros no somos los que realmente peleamos la batalla. ¡Dios está listo para pelear por nosotros!
Cuando Josué enfrentó Jericó, Dios le dio la estrategia militar más ilógica posible. Indicó que el pueblo de Israel no atacara a la ciudad sino que simplemente diera vueltas alrededor de ella. Otra instrucción importante era que dieran las vueltas sin hablar palabra alguna. Es muy probable que esta indicación fue por la razón de que el pueblo llevaba 40 años murmurando en el desierto. Quizá Dios sabía que si los dejaba hablar, comenzarían a quejarse, criticar a sus líderes y contagiarse de incredulidad. Muy posiblemente algunos hubieran comentado que dar vueltas era una locura y Jericó era demasiado fuerte hasta que muchos se hubieran rebelado. En vez de eso, el pueblo obedeció, esperó en Dios, y lograron derribar a Jericó.
Nosotros podemos ver los mismos resultados. La clave es levantar nuestra voz en oración ferviente y persistente y confiar en Dios hasta ver la victoria. Tenemos que aprender a callar esa voz nuestra que quiere expresar queja, crítica o incredulidad. La tendencia humana es decirle a medio mundo de lo grande de la fortaleza que enfrentamos cuando lo que debemos hacer es decirle a la fortaleza lo grande de nuestro Dios. Al que debemos llevar nuestras inquietudes y preocupaciones es a Dios para dejarlas a sus pies y enfocarnos en El. El Salmo 46: 10 instruye: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”.
Eso nos lleva al último sitio. El último lugar donde llegaron Elías y Eliseo fue el río Jordán. El Jordán es el lugar de la PROMESA. Dios abrió el Jordán milagrosamente para Josué y el pueblo de Israel dándoles entrada a la tierra de promesa que Dios tenía para ellos (Josué 3). Hizo lo mismo para Elías y Eliseo, y pasaron en tierra seca. Fue allí donde Elías le preguntó a Eliseo qué quería. Eliseo respondió que quería la doble porción del Espíritu que había sobre Elías. Este le contestó que había pedido algo difícil pero que si persistía con él hasta el final y lo veía irse al cielo, la recibiría. Junto al Jordán Elías fue arrebatado al cielo en un carro de fuego, Eliseo lo vio, recogió su manto y recibió la promesa de la doble porción de su unción.
Esta fue una petición atrevida, pero tenía una base sólida. No lo estaba haciendo un “chiflado” que llegó de buenas a primeras esperando más unción que el gran profeta Elías. Eliseo fue fiel en lo poco sirviendo a Elías por un largo tiempo. Eso le abrió la puerta para hacer tal petición atrevida. Debemos aprender de esto. Dios quiere que pidamos cosas grandes en oración ya que servimos a un Dios mucho más grande de lo que pudiéramos pedir. Sin embargo, esas peticiones grandes necesitan tener una base sólida. Necesitamos aprender a ser fiel en lo poco antes de entrar a lo grande.
También es muy importante notar que el requisito que Elías le puso a Eliseo fue estar con él hasta el final. Esto nos revela lo importante de una última palabra que comienza con “p” que es la PERSISTENCIA. En el griego original los verbos de Mateo 7:7 están en el presente continuo. Así que la manera más literal de traducir el verso sería, “Pedid (y seguir pidiendo) y se os dará; buscad (y seguir buscando) y hallaréis; llamad (y seguir llamando) y se os abrirá.” ¡Esto es oración persistente!
Con esa PERSISTENCIA ¡avancemos en PUREZA, en su PRESENCIA y con la PELEA hasta alcanzar la PROMESA!
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